Saturday, May 28, 2016

El victimismo del señalamiento

"Miriam Tey ha estat acusada pels mitjans afins al govern de pertànyer a Societat Civil Catalana, com si això invalidés a la persona i la col·loqués directament dins de la llista dels mals catalans", escribió hace unos días Catalunyapress.

"Miriam Tey, que dirige el Centro Libre de Arte y Cultura (CLAC) en Cataluña y es miembro de Sociedad Civil Catalana (SCC)", ponía en Libertad Digital.

Se ve que algunos periodistas pueden dar información de contexto, mientras que si otros dan la misma son muy malos. Esto acabaría aquí, en el ridículo anecdótico, si no fuera que otra de las organizaciones que lidera Miriam Tey, el Grup de Periodistes Pi i Margall, siguió el mismo hilo de, digamos, pensamiento, usando el tópico del "señalamiento".

En un comunicado de este grupo sobre la intervención de Tey en Chatham House pone que en un artículo de Vilaweb "se califica a Tey como “miembro de Societat Civil Catalana” pese a que se presentó -como queda demostrado en el vídeo- en tanto que “editora de Barcelona” y “catalana”".

Este artículo también informó que Tey se presentó como editora de Barcelona, así que ese "pese a" del comunicado de Pi i Margall no tiene ningún sentido, salvo el propagandístico. De hecho, mientras que Vilaweb tuvo el mérito de ofrecer el vídeo de la intervención de Tey, tanto Pi i Margall como su organización matriz, Societat Civil Catalana, destacaron por ignorarlo. Cosa que es comprensible, ya que la intervención de Tey daba un poco de pena.

A falta de noticias positivas siempre queda el recurso al victimismo, en este caso la acusación del "señalamiento" de Miriam Tey. (Si su intervención hubiera sido un éxito, Societat Civil Catalana la hubiera reivindicado a gritos.)

Es por eso que, criticando un segundo artículo de Vilaweb, el comunicado de Pi i Margall destaca que "se señala que Tey es fundadora de Societat Civil Catalana". Nótese el uso del verbo "señalar", cuando el comunicado introduce este artículo como "claro ejemplo de señalamiento al disidente". Si el doble rasero de Catalunyapress era ridículo, esto es hilarante. Y lo es aún más cuando el comunicado sigue: "Pero no figura en la lista de fundadores de esta entidad y sí como miembro de su Junta Directiva", cosa que Tey es desde hace poco.

Me gustaría ver esa "lista de fundadores" de SCC. Cierto es que Miriam Tey es cofundadora de SCC. Junto con otros demócratas, y también junto con gente de la extrema derecha como Josep Alsina, Javier Barraycoa, Jorge Buxadé y, claro está, el presidente fundador Josep Ramon Bosch.

Cabe interpretar el comunicado de Pi i Margall como un intento de la misma Tey de distanciarse de aquella SCC que ayudó a fundar. Desgraciadamente un intento poco honesto, sino tramposo hasta el extremo de la disonancia cognitiva. Como si se tratara de dos diferentes entidades bajo el mismo nombre de Societat Civil Catalana, Tey dice que no perteneció a la de antes, pero sí a la de ahora. Esta maniobra es la continuación de la política de mentir sobre los socios fundadores de SCC iniciada hace un año por Juan Arza.

Sólo hay que combinar esta redefinición de la realidad con la voluntad de sacarle provecho propagandístico, y mediante la acusación de "señalamiento" los mentirosos se convierten en víctimas.

Hay que señalar claramente el problema de fondo. Originalmente, se criticaba el señalar a otros como enemigos. Ahora, según el victimismo del señalamiento ya no se puede dar información ni siquiera sobre personajes públicos (salvo, como hemos visto arriba, que se publique dicha información en un medio afín como Libertad Digital). El victimismo del señalamiento aspira a controlar la información, cosa que le hace enemigo de la libertad de expresión y de la libertad de información, y es significativo que entre los que recurren a él se encuentra un grupo de periodistas y autodeclarado defensor "del periodismo serio, riguroso, documentado y crítico".

Creo que el asunto dice lo suficiente sobre la profesionalidad (y la moralidad) del Grup de Periodistes Pi i Margall, entidad que en consecuencia no merece más atención. Salvo el escarnio.

El victimismo del señalamiento, pero, ha llegado para quedarse.

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